PORTADA DE LA CONDESA DE ANTILLÓN
PORTADA DE LA CONDESA DE ANTILLÓN
ECOS CARAMUELESCOS EN LA PORTADA DE LA CONDESA DE ANTILLÓN.
“…colocó su cincel en posición oblicua contra la piedra y lo golpeó suavemente con el gran martillo de madera. De la superficie se desprendieron unos pequeños fragmentos dando una mayor redondez a la forma. Repitió la operación. Tan pulida como para una catedral.”
Ken Follet. Los pilares de la Tierra.
El siguiente elemento que merece nuestra atención se encuentra situado tras el portón Oeste del palacio de los condes de Cirat, una de las puertas por las que podemos acceder al jardín. Ya en este, podemos observar la portada del conocido como antiguo palacio de la Condesa de Antillón. Dicho palacio estaba situado en la actual calle Rambla de la Mancha y fue cedido por parte de la familia propietaria en 1884 a la Congregación de Hermanitas de Ancianos Desamparados. (Fig.1).
Ya entrados en la década de 1960 el 4º conde de Antillón, don Antonio Pérez de Herrasti, no queriendo hacerse cargo del deterioro de su palacete, que fue asilo de ancianos hasta el 28 de noviembre de 1963, cedió las piedras de su fachada al Marqués de Montortal, quién las reubicó en el lugar que a día de hoy ocupa.
El título de condes de Antillón fue creado por Isabel II de España en 1849, siendo María Josefa Piles y Rubín de Celis la primera beneficiaria de dicho título. Es evidente por la fecha, que la portada del palacio es anterior al título nobiliario por lo que los propietarios debieron pertenecer a otra casa nobiliaria, muy posiblemente a una de las familias de más solera de la ciudad los Enríquez de Navarra, que desde la Edad Media residieron en la villa de Almansa. Por la tanto, la condesa que da nombre al palacio debió ser María del Carmen de Antillón y Piles, segunda condesa de Antillón e hija de la anteriormente citada, que contrajo nupcias en 1837 con un pariente de los Enríquez de Navarra, concretamente con don Antonio Luis Pérez de Herrasti y Recio-Chacón. Probablemente fuera él quien mandó construir el palacio o encargara la portada dado que sus emblemas aparecen en el escudo de la fachada (Fig. 2), de la que tristemente a día de hoy aún desconocemos fecha exacta de realización y autor.
Este desconocimiento no es excusa para no detenerse y observar una serie de singularidades que, junto a dos portadas de edificios muy cercanos (convento de las Agustinas y capilla de la Comunión de la Iglesia de la Asunción. Fig. 3 y 4), conforman un interesantísimo conjunto de architectura obliqua en la ciudad de Almansa, inscribiéndose dentro de la corriente culta y geometrizante de la arquitectura de Juan Caramuel Lobkowitz (Madrid, 1606), autor del tratado Architectura civil recta y obliqua. Considerada y dibuxada en el Templo de Ierusalém publicado en Vigevano en el año 1678.
Las similitudes que este trío de ases arquitectónico presenta las encontramos: en la deformación de semiesferas decorativas colocadas sobre entablamentos oblicuos hasta convertirse en formas elípticas adaptadas a la inclinación de los planos; la declinación de capiteles y entablamentos; y la adaptación de pirámides a superficies de base inclinada.
La portada de la condesa de Antillón aparece resuelta en dos cuerpos superpuestos: el primer piso (Fig.5) presenta pilastras y retropilastras (Fig.7) de orden toscano decoradas con paneles rehundidos en los fustes, sobre los capiteles descansan tramos de entablamento ornamentados por placas recortadas. Entre las pilastras, flanqueando el vano, encontramos un dintel con paneles geométricos y en su centro una placa recortada articulada en seis perfiles sucesivos rehundidos de enorme carácter geométrico (Fig.6).
El segundo nivel (Fig.8), más complejo y estrecho, descansa sobre un basamento con retranqueamientos y placas recortadas. Este cuerpo central aparece flanqueado por seis elementos decorativos organizados en dos tríos, uno a cada lado, que desde el exterior al interior presentan: dos obeliscos sobre basamentos, dos pirámides sobre pedestales rematadas por bolas y dos jarrones coronados por obeliscos torsos (Fig. 9). El cuerpo central de este segundo nivel está configurado, al igual que el inferior, con pilastras y retropilastras de orden toscano que flanquean el escudo nobiliario como motivo ornamental central, sobre sus capiteles descansa un entablamento de friso liso corrido, y una potente cornisa que da paso al remate de toda la portada, lugar donde se concentran los elementos caramuelescos. En esta portada, debido a la acusada inclinación de los fragmentos del frontón, la deformación a la que se prestan las esferas hace que los elipsoides no aparezcan tan bien resueltos como en las otras dos portadas anteriormente citadas. Por último, la portada queda rematada por un obelisco salomónico sobre pedestal dando la apariencia de una auténtica llamarada pétrea (Fig.10). Este elemento ornamental, puede ponerse en relación con otra de las corrientes del barroco arquitectónico del barroco de finales del s. XVII y comienzos del s. XVII, la del orden salomónico entero o corintio supremo.
Referencias bibliográficas:
- MARTÍNEZ GARCÍA, ÓSCAR J.: Un palacio Manierista en Almansa. La Casa Grande Alonso Pina. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses Don Juan Manuel, 2019.
- MARTÍNEZ GARCÍA, ÓSCAR J.: Arquitectura gótica y barroca en Almansa. Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses Don Juan Manuel, 2015.
- PIQUERAS GARCÍA, R; SÁNCHEZ URIBELARREA, M.J.: Cuadernos del Archivo de Almansa nº1. De Asilo a Residencia 1884-2014 Ciento treinta años de las monjas en Almansa, Ayuntamiento de Almansa, 2014.
